domingo, 30 de marzo de 2008

“LA CONFRONTACION GOBIERNO-CAMPO”


“LA CONFRONTACION GOBIERNO-CAMPO”
-DESDE OTRO ANGULO-
Por Ing. Mario Jarás
Sec. Gral. U.C.R.


El ejercicio de la Presidencia de una república democrática genera una serie de obligaciones que superan largamente aquellas que conforman la vida personal o privada de las personas.
Estas obligaciones surgen no solo de documentos escritos que rigen y entornan la actividad presidencial sino también de pautas promovidas por los usos y costumbres de los pueblos.
De quien ejerce un cargo de tan alta investidura la sociedad no admite equívocos o caprichos que en la vida privada puedan considerarse normales.
Tampoco la sociedad puede ser presa del mal humor de quien ejerce la Presidencia de la Nación que encima tiene la responsabilidad de actuar como coordinador de los esfuerzos individuales para transformarlos en un triunfo colectivo.
El llegar al poder legítimamente de ninguna manera puede ser tomado por esa persona como la cesión, de parte de la sociedad, del patrimonio personal de cada uno de sus ciudadanos para el uso indiscriminado de los mismos sabiendo que en ese patrimonio también se incluye la vida.
Los límites a la posibilidad cierta de que una sociedad pueda verse enfrentada a una situación motivada por conductas especialmente vedadas, los plantea con inteligencia la Constitución Nacional cuando divide el manejo del poder total en tres poderes suficientemente independientes uno de otros: El Poder Ejecutivo, El Poder Legislativo y el Poder Judicial y le otorga a cada uno de ellos, entre otras, la facultad de supervisar y controlar la conducta del otro.
El problema se presenta cuando con artilugios perfectamente, o perversamente articulados, se consolida la supremacía de uno de ellos por sobre los demás.
En nuestro país, por diversas circunstancias, que tienen que ver con la educación, la cultura y la formación, impera una fuerte predisposición por aceptar que sea el Poder Ejecutivo quien ejerza el “poder casi absoluto”, pero la historia demuestra que siempre, llegadas determinadas cuestiones conflictivas que pueden poner en riesgo la paz interna la sociedad comprobó la equivocación de esta decisión y reclamó entonces la aplicación de las normas constitucionales que son las encargadas de reglar y permitir la convivencia social y el sostenimiento de la república.
Este problema, de admitir la supremacía de un poder sobre los demás, se incrementa cuando quien accede al poder pregona o practica ideologías que inevitablemente conducen a situaciones extremas por cuanto transitan caminos demasiado cercanos a las prácticas del endemoniado “fascismo”, sistema político creador de reyes intocables “supuestamente” infalibles, y una alarmante fragilidad de la sociedad.
Lo sucedido en nuestro país desde el momento en que comenzó el enfrentamiento entre la gente del campo con el Poder Ejecutivo Nacional no hace más que poner en el escenario la situación que estamos describiendo.
La imposición superando al diálogo. La coerción antes que el debate. La fuerza superando la idea.
Y la aparición de un flagelo que pensábamos superado: El enfrentamiento entre argentinos.
Cuando para consolidar posiciones es preciso acudir a falsas antinomias y utilizar la mentira y la confusión como instrumento, lo que se esta haciendo es quebrantar la estructura social y promover el resentimiento y la rivalidad entre ciudadanos.
¿Es casual que se haya procedido de esta manera?
Contundentemente NO.
Investigando, aunque sea superficialmente, el perfil ideológico real al que responde la Señora Presidente de la Nación, conforme a lo que ella misma expresa y reivindica, se puede determinar que la misma contempla fehacientemente actitudes como las asumidas.
No decimos que esta bien o mal que ella promueva y practique su ideología, ni corresponde que juzguemos o expresemos en este momento un juicio de valor sobre la misma, pero de lo que si estamos seguros, es que nos asiste el derecho a opinar y reclamar cuando al impulso de la misma entendemos se están violentando situaciones y legitimando actitudes discriminatorias.
Quien ejerza la presidencia de la Nación en ninguna oportunidad y por ninguna causa puede olvidar que la República Argentina es un país conformado por ciudadanos diferentes y de distintas ideas, pero todos con los mismos derechos y obligaciones.
En el poco feliz discurso del día 25 de marzo ppdo. la Señora Presidenta actual dio la impresión de que se olvidó que es la Presidenta de todos los argentinos y esto, más allá de cualquier situación coyuntural o motivación personal, en ningún momento puede ser obviado, como tampoco puede no reprochar el hecho de que se agreda a alguien por la circunstancia de no comparte el pensamiento que ella expone.
Tampoco puede permitirse, en una democracia real, el uso de la amenaza como una herramienta a utilizar para modificar posturas, por cuanto ellas, de ninguna forma contribuirán al logro de la armonía precisa para el buen gobernar, sino que, por el contrario, tanto en este como en otros momentos de dificultades, contribuirán a que se profundicen heridas existentes en la sociedad provocadas por planes económicos y sociales perversamente aplicados en la década de los noventa y que aún no fueron erradicados ni reemplazados.
Todavía hoy, en este momento económico supuestamente favorable, los ganadores de entonces, continúan siéndolo al igual que los perdedores de entonces.
Le corresponde a la sociedad en su conjunto sacar conclusiones de estos hechos y no olvidar como ejercicio para no errar.
Es oportuno decir, con el fin de evitar falsos comentarios y especulaciones intencionadas, que el Radicalismo no necesita aprovechar hechos desafortunados, como los sucedidos estos días, para convertirse en opción real de gobierno para el pueblo argentino, como también es forzoso señalar contundentemente, frente a insidiosos comentarios, que nunca la Unión Cívica Radical atentará contra el funcionamiento de las Instituciones.
Fue un grave error conceptual plantear, en el discurso, que la única manera de conseguir una mejor distribución de la riqueza pasa por una lucha de clases, como la que en definitiva se propuso, por cuanto todos sabemos que la distribución equitativa de la riqueza puede transitar por un sin fin de corredores y caminos en los cuales están involucrados con roles irrenunciables, gobierno, empresarios y obreros.
En nombre de la razón no se puede efectuar un planteo serio de distribución de la riqueza sino se planifican determinados hechos económicos que posibiliten la continuidad en el tiempo las equidades. la economía .
Nuestro país requiere, para no volver a situaciones ya vividas, que la redistribución de la riqueza tenga fuerte ligazón con un desarrollo sustentable en el tiempo.
El crecimiento sustentable en el tiempo está emparentado con las acciones inteligentes que toma un gobierno para llevar adelante las responsabilidades que le corresponden, respetando las leyes, sustituyendo las políticas clientelistas por autenticos planes sociales que provoquen la reincorporación de los marginados de la sociedad, promoviendo tratamientos diferenciales para lograr un desarrollo armónico e igualitario y posibilitar las acciones provinciales acatando las disposiciones constitucionales en lo concerniente a federalismo.
También es preciso tener empresarios exitosos que a partir del éxito de su labor y confiando en la vigencia plena del derecho, reinviertan sus utilidades en la creación de nuevas fuentes de trabajo y de riqueza, y resulta imprescindible la acción de los obreros que haciendo un uso preciso de su capital personal, que es la habilidad de trabajar, se sientan con todo el derecho de exigir igualdad de oportunidades y libertad y posibilidades de crecer.
Para resolver el problema que actualmente preocupa a todos los argentinos y muchos otros temas pendientes, que en un acto plenamente democrático desde el Poder Ejecutivo se devuelva al Poder Legislativo la totalidad de las funciones que le competen y que en este no se actúe haciendo uso irrestricto de las mayorías automáticas, tan buscadas por los autoritarios, sino que se promueva un funcionamiento independiente del mismo donde las luchas ideológicas que rodean cada resolución sean elementos que enriquezcan cada una de ellas.

Para concluír este breve análisis cuya intención fue recordar conductas, marcar el rol y la responsabilidad que la sociedad y la dirigencia política en función de gobierno tiene frente a los hechos que produce la política, resaltar algunas diferencias conceptuales con el fin de tratar de evitar que se instalen falsedades, como radicales tenemos la obligación de resaltar también que:
La sociedad sabe y sino es bueno decírselo que este no es el modelo ni económico ni social de la Unión Cívica Radical.
Que hoy actuamos en el rol en el que la sociedad con su voto nos ubicó, que es el de ejercer la oposición, que tratamos de cumplir con total honestidad intelectual e independencia.
Que porque creemos realmente en el rol de la sociedad en la democracia, seguiremos actuando como opositores constructivos hasta que esta misma sociedad nos brinde la oportunidad de ocupar el gobierno.
Que estas son algunas de la cosas por las que nos resistimos permanentemente a la presencia en nuestras filas de aquellos que, seducidos por otro tipo de valores, intentaron conducir a la UCR hacia un espacio político que, de siempre sabemos, es diferente al que nosotros pregonamos.

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